15 dic 2014

MI ARBOLITO TENÍA BASTANTE NIEVE


En Venezuela todo lo que no es propio de las culturas originarias, es importado y todos somos descendientes de extranjeros.  Absolutamente todo lo que no es indígena, vino de fuera, independientemente de que unas cosas hayan llegado primero que otras. Los idiomas que hablamos, las creencias religiosas, la música, los bailes, la comida, la cultura en general, todo, vino de fuera (menos el aporte de nuestros primitivos habitantes). Por supuesto que al mezclarse lo de adentro y lo de afuera, el resultado fue algo diferente que tomaba de cada  uno de los aportes (casi siempre lo mejor) para producir algo diferente. Esto unido a prejuicios naturales, ha desdibujado lo que debería estar claro. Un ejemplo palpable lo tenemos en la guerrita que se ha pretendido armar entre “El Nacimiento” y “El Arbolito de Navidad”. Para muchos lo “verdaderamente nuestro” es el nacimiento, llamado también “El Pesebre o “El Belén”; mientras que “El Arbolito” es un recién llegado como parte de una manera de penetración del imperio. 

Es cierto que el nacimiento llegó unos cuantos siglos antes con los primeros conquistadores castellanos y para ser más exactos, con los primeros evangelizadores. Los indios no conocían el nacimiento porque para comenzar mientras el Dios de los invasores nacía una sola vez al año (en navidad), el de nuestros habitantes autóctonos (El Sol), nacía todos los días. Mucho tiempo después llegó el arbolito que no es una tradición originaria del imperio sino de los países nórdicos; de los países escandinavos, de donde pasó a los Estados Unidos. 

Los venezolanos lo adoptamos inmediatamente como habíamos adoptado el nacimiento. Y lo adoptamos en su totalidad, como era, con bastante nieve.  Yo era el encargado de poner sobre el arbolito los copos de nieve hechos de algodón y de poner en el nacimiento los campos de aterrizaje, los helicópteros, los teleféricos hechos con carretes de hilo y cajitas de cartón,  los bombillitos y los trenes. Y ay de aquel que me dijera que en El Consejo no había nieve o que cuando nació el niño Jesús no había helicópteros. Montar el nacimiento era -y sigue siendo- construir el mundo.Pero como vivimos inventando verdades nuevas que sustituyen a las viejas, hemos inventado que el “Espíritu de la Navidad” lo inventaron  para desplazar al “Niño Jesús” y para que la gente gaste toda la plata el 21 de diciembre y no guarde nada para el 24. 

Recientemente asistí a un interesante y enriquecedor debate (o conversatorio como le dicen ahora), entre niños de preescolar, donde un grandulón de cinco años se atrevió a decir que el Niño Jesús no existía sino que eran los papás los que compraban los regalos y se los ponían en los zapatos. Todos “le cayeron encima” y allí escuché explicaciones bellísimas de entre las cuales recuerdo tres: 1) Que el Niño Jesús si existía, pero que sólo le traía regalos a quienes creían en él. A los demás, tenían que comprárselos los padres. 2) Que efectivamente los padres compraban los regalos pero con dinero que les dejaba e Niño, por dos razones: que eran tanto los niños del mundo que él no tenía tiempo de comprarlos todos y los padres tenían que ayudarlo con dinero que él les suministraba consiguiéndole buenos trabajos a los padres de los niños que se portaban bien y que solo los padres podían saber  con certeza qué era lo que sus hijos querían que les trajeran y 3) La conclusión casi general fue la de que el Niño eran San Nicolás, Santa Claus y Papa Noel y los tres Reyes de Magos, quienes se disfrazaban de niños para poder llegar a todas las casas. Cuando me tocó opinar me anoté en la primera porque expliqué que en mi casa siempre nos había traído a todos y nos seguiría trayendo, porque todos creíamos en él. Todo esto forma parte de la cultura del pueblo venezolano que a los trece mil años (y más) de pueblos indígenas, sumó otros tantos de pueblos africanos y otro tanto de europeos, aunque todavía haya quienes insisten en decirle afrodescendientes solamente a los negros cuando todos los somos. 

La reflexión anterior viene a cuento porque es oportunidad propicio para repetir una historia que hemos contado con anterioridad por esta misma época y es que el primer “Arbolito de Navidad” se adornó en nuestra ciudad de La Victoria a comienzos del siglo pasado por un maestro y Pastor Evangélico norteamericano llamado David E. Finstrom, quien dirigió  una célebre escuela, fundó la Iglesia Evangélica Ebenezer de La Victoria y junto con la familia Collín, la de La Colonia Tovar.  

Yo había afirmado que la escuela y habitación de “Mister Filtro” quedaba diagonal con la Casa Parroquial, en la casa que fue hogar de la Familia Páez Cordero, pero en estos días mi amiga doña Carmen Luisa Ochoa me corrigió y me dijo que la verdadera casa estaba del lado norte de la de don Fermín López Revenga, residencia que fue del General Castro y lugar de los bailes del 12 de febrero. Pues, allí, se adornó en La Victoria a principios del siglo pasado, el Primer Arbolito de Navidad. Mister Filtro  vino al país en 1898 cuando apenas nos recuperábamos de los estragos de la Revolución Legalista que acaudillada por el general Joaquín Crespo, derrocó al doctor Andueza Palacio y ya estábamos inmersos en la Revolución Liberal Restauradora que trajo a los andinos al poder y luego en la Revolución Libertadora que tratando de tumbarlos, mordió el polvo precisamente aquí en La Victoria en la primera derrota militar sufrida por el imperialismo en América Latina.  

Es a ese ambiente de guerra,  de muerte y de miedos donde llega un joven de 23 años, nativo de Kerkhoven, Minnesota, quien viene a predicar el Evangelio, a difundir ideas y a enseñar las primeras luces. Se llamaba David Edward Finstrom;  se avecinda en nuestra ciudad donde se gana el cariño y el respeto de todos y a quien el pueblo comienza llamando Mister Finstrom hasta terminar llamándolo por cariño “Mister Filtro”.

En el cumplimiento de su misión, funda en La Victoria la primigenia Iglesia Evangélica Libre de Venezuela, la centenaria Iglesia Evangélica “Ebenezer” de la calle Félix María Paredes; en la Colonia Tovar junto con la familia Collin, la Iglesia “Emanuel” y aquí, una Escuela Primaria en la cual estudió una generación de victorianos entre quienes estaban don Félix María Dieppa, don Pedro Oropeza Cabrera, los hermanos Condat, los hermanos Richard Flores, los hermanos Mengelles y muchos más,  ya fallecidos todos.

En su primera navidad venezolana,  “Míster Filtro”  adornó dos frondosas matas de azahar que estaban en el patio de la casa, con bombillitos, frutas, lazos, cajitas envueltas en papel de regalo y dejó abiertas las ventanas durante todas las noches, para que la gente pudiera ver el original arbolito. Junto con el célebre nacimiento de Teresa Guarda y el de la Iglesia Matriz, el arbolito de “Mister Filtro” fue parada obligatoria en el peregrinar de la antigua ciudad. De Caracas vinieron a ver los arbolitos y los nacimientos, especialmente el de Teresa porque era un fiel reflejo del pueblo; en él estaban los sitios y personajes de la vieja villa, sus acontecimientos históricos y eventos sociales de relevancia. Juntamente con la escuela,  “Mister Filtro”  fundó un periódico llamado “El Faro Evangélico” que se  hizo nacional y terminó siendo órgano de las iglesias evangélicas de Venezuela. 

En los años siguientes ya eran más de 40 los arbolitos adornados en La Victoria y otro tanto en Caracas.  Se multiplicó la siembra de arbolitos y  hoy en día son muy pocos los hogares de creyentes, que no pongan el suyo (con bastante nieve) junto con el nacimiento. Por supuesto que en los primeros tiempos era una “tradición extraña” como lo fue también el nacimiento o “El Belén” en sus años iniciales, pero a estas alturas a más de un siglo, negar que el arbolito es una verdadera “tradición venezolana”, sería como negar que son muy nuestros y forman parte de nuestra identidad, el vallenato, las rancheras, el son montuno, las guitarras, las guarachas o el pasodoble. Somos un país de integración; todo “lo bueno” que nos llega. lo asimilamos, lo mestizamos, lo metemos en nuestros corazones y le damos carta de naturaleza. Y eso desde el principio; no olvidemos que el Acta de nuestra independencia le redactó un italiano, que nuestro Escudo lo pintó un inglés, que en la Batalla de Carabobo había más alemanes y británicos que carabobeños y que en el ejército realista había más venezolanos que españoles. Seguimos siendo el punto equidistante entre América, África y España, como decía El Libertador.

En tiempos de matazones y de oscuridad, “Mister Filtro” vino a enseñar  primeras luces y a encender primeras luces.  En su escuela de primeras letras, en sus iglesias cristianas evangélicas, en su periódico y especialmente en sus iluminados arbolitos, encontraron muchos victorianos de la época, luz y belleza. Junto con el olor a pólvora se entremezclaba el olor a azahares.  Una tradición escandinava (no es norteamericana) sembrada en La Victoria, se extendió por toda Venezuela y hoy, junto con el nacimiento, las cartas al Niño Jesús, los intercambios de regalos, las parrandas y parrandones con los villancicos, aguinaldos y gaitas, la bajada de los Reyes Magos en el Barrio de Jesús, las hallacas o el pan de jamón, forma parte de nuestras más hermosas tradiciones. Cuando ya su obra estaba consolidada, el maestro se mudó a Palo Negro y allá murió. 

Su amadísima esposa lo sobrevivió y continuó su labor evangelizadora hasta que ya anciana fue llevada por su familia a su tierra norteamericana donde murió. Toda su obra (escuela, iglesia, periódico y arbolito) es ya más que centenaria. Uno de los alumnos más aventajados de su escuela fue don Félix María Dieppa a quien tuvimos el honor de conocer y de oírle recordar con cariño a Mister Finstrom y como había despertado en sus pupilos el interés por el conocimiento de las ciencias y de la cultura en general. Todos los se destacaron en sus  respectivos campos de acción. En estos días navideños a los tantos recuerdos que todos atesoramos, sumemos uno nuevo para dar gracias a David Edward Finstrom “Mister Filtro” y a su honorable esposa, unos  buenos pastores norteamericanos que vinieron a traer su fe y a sembrar entre nosotros otra manera de adorar a Dios, oyendo su palabra e iluminando arbolitos. Que  hayan sido premiados y que sea cual sea el cielo donde se encuentren, sus bendiciones nos alumbren el camino y brillen como las estrellas del primer arbolito.


8 dic 2014

200 AÑOS DE MUERTO CUMPLIÓ BOVES EL VIERNES



Y ese mismo día elegimos a la Reina del Cuartel Mariano Montilla y asistimos al ya tradicional encendido de las luces de la navidad. Una vez más nuestro imponente castillo demostró que sigue siendo y lo seguirá siendo por siempre, “La Casa del Soldado” como lo bautizara el general López Contreras el día de su inauguración. La gentil hospitalidad del Comandante Militar de la Ciudad Coronel Peña Gerdel y demás personal militar y civil del cuartel, un hermoso ramillete de 17 hermosas victorianas que iban desde los 13 hasta los 19 años, una impresionante y original apertura, la animación de nuestro Gran Maestro de Ceremonias José Rafael Jiménez, la actuación del cantador llanero “El  Pepeaito” y las Danzas de La Victoria, se sumaron para ofrecer un espectáculo de primera calidad.  

La belleza de nuestras muchachas, la elegancia de los trajes, el dominio de su actuación en las pasarelas, la desenvoltura ante los micrófonos y la magnífica preparación en la información histórica sobre el tema central de nuestra gran batalla, completó el magnífico espectáculo. Entre el público estuvo presente la Novia de la Juventud 2014 que es la Novia del Bicentenario de la Batalla, cuyo reinado durará cien años. Nos hubiera gustado verla enviar desde el escenario un saludo a sus paisanos.  Solo observamos un detalle inapropiado al cual nos sentimos obligados a referirnos porque si lo dejamos pasar, se repetirá. Se trata de haberle enseñado a las candidatas, que quien vino a la batalla del 12 de febrero en representación del ejército realista fue el general Francisco Tomás Morales, porque Boves se había quedado guardando cama en Villa de Cura para reponerse de una herida. Eso es inexacto. El Parte Oficial de la Batalla redactado y firmado por el propio general José Félix Ribas cuando afirma que “Boves en persona mandaba la acción a quien se le han cogido todos sus libros de órdenes” pero eso fue lo que les enseñaron, eso fue lo  que se aprendieron y lo que respondieron, por lo cual creo que a la bella candidata a quien le correspondió responder esa pregunta, “la hicieron perder”.


En muchos escritos, crónicas, discursos y en libros, he creído aclarar esta errada información, pero todavía existen quienes prefieren repetir lo que algún día dijeron los amigos de Boves y enemigos de Ribas, que lo afirmado por el propio Vencedor de los Tiranos en La Victoria.


Los llaneros al referirse a estos dos jefes cantaban: 


ENTRE BOVES Y MORALES

LA DIFERENCIA NO ES MÁS

QUE EL UNO ES TOMÁS JOSÉ

Y EL OTRO ES JOSÉ TOMÁS


Eran iguales en ferocidad, en crueldad, en valentía y en agresividad. Boves y Morales se parecían como dos gotas…de sangre. Del grupo de implacables asesinos que acompañaba a Boves en la antipatria, Morales destacaba por su bravura. Y eso era mucho decir porque los otros eran Rosete, Yáñez, Zuazola y Antoñanzas. Viene a cuento porque de tiempo en tiempo se plantea la discusión acerca de si Boves vino o no vino a la batalla del 12 de febrero en La Victoria.


Desde los mismos días que siguieron a la gran batalla del 12 de febrero de 1814 aparecieron partes oficiales, decretos,  proclamas y notas de prensa que celebraron el triunfo de la libertad sobre la barbarie y el magnífico desempeño de jóvenes estudiantes inexpertos contra aquellos a quienes El Libertador llamó “feroces bandidos acaudillados por el más perverso de los tiranos”.  Pero después, especialmente a la caída de la Segunda República,  surgió una serie de historiadores que no sabemos si  por restarle méritos a Ribas o por exonerar a Boves de la espantosa derrota, dijeron que el asturiano no había venido a La Victoria porque se había quedado en Villa de Cura curándose  una herida, como si el feroz caudillo hubiera sido un “reposero” capaz de sacarle el cuerpo a la que sabía que iba a ser una de sus más importantes batallas, achicopalado por una cortadita. 

De aquellos historiadores  se copiaron algunos y de estos, todos los demás,  repitieron el error y lo multiplicaron hasta nuestros días. Por supuesto que estos historiadores no conocieron a los contendientes y tuvieron que seguirse por lo que contaban otros. Tampoco conocieron los documentos oficiales escritos por los conocedores de la verdad. El más importante de estos historiadores fue sin dudas el gran Juan Vicente González nacido en 1810,  que tenía tres años el día de la batalla y no llegaba a cinco  cuando ya habían muerto Ribas y Boves. En su  obra fundamental que es la “Biografía de José Félix Ribas”  dice que “Acometida el día 12 por 7.000 hombres, a las órdenes de Morales,  la plaza de la Victoria, que apenas defendían 2.000 jóvenes, sufrió un ataque que hará época en los anales del furor”, (que por cierto, no conocía los datos con exactitud nuestro eximio escritor porque no eran 7000 los soldados de Boves ni 2000 los estudiantes).  Pero en la misma obra, 15 páginas antes, cuando hace la Cronología del Año 14, en el 12 de febrero dice: “…terrible acción de la Victoria entre Ribas y Boves”. 

Lo dicho por este gigante de nuestro siglo XIX fue seguido al pie de la letra por don Feliciano Montenegro y Colón quien tenía 33 años cuando se produjo la batalla y era un destacado oficial del ejército español. Murió a sus 72 años en 1853, cuando Juan Vicente González tenía 43, lo que nos hace pensar que fuera él quien influyó a González. Lo que ellos dicen lo repiten don Vicente Lecuna, don Tomás Pérez Tenreiro y el general Bencomo Barrios, todos ellos distinguidos historiadores del siglo pasado. Por su parte el Presbítero y Coronel José Félix Blanco pariente y un año mayor que Bolívar y amigo de muchos de los combatientes Defensores de La Victoria afirma: “Boves personalmente sorprendió a La Victoria el amanecer del doce”.   

 Igualmente lo dice don José de Austria en su “Historia Militar de Venezuela".  Tambien lo dice el doctor Arturo Uslar Pietri en sus “Lanzas Coloradas"  y don Eduardo Blanco en su “Venezuela Heroica” (ambos del siglo XX). Don Eduardo relata el encuentro de “El Jaguar de las Pampas” con el “León de las Sierras”: “Son dos gigantes que rivalizan en pujanza y que por primera vez van a encontrarse (…) Reorganizado en la Villa de Cura, Boves marcha de nuevo sobre Ribas y el 12 de febrero a las siete de la mañana se arroja sobre La Victoria con su acostumbrada impetuosidad.”


Los informes oficiales son muy claros: el Mayor General Tomás Montilla (de los Montilla del Pao de Zárate, hermano del tambien general Mariano Montilla quien peleó muy duro en la batalla),  en Boletín firmado en Valencia al día siguiente dice: “El día 12 atacó Boves con todas sus fuerzas a La Victoria”.  Tomás además de hermano de Mariano, era el Secretario del Libertador. El Libertador tambien afirma en varias comunicaciones que “Boves fue el gran derrotado de ese día”.  Está claro que la importancia de que estuviera presente o no Boves, era a estas alturas de la guerra muy relativa porque unas tropas veteranas, superiores en número y experiencia, dependían menos del jefe tal como se demostró en Urica: las tropas de Boves acabaron con el ejército patriota pese a que al tirano lo habían matado al comenzar la batalla. Pero de que estuvo en La Victoria, estuvo. 

Creemos en las palabras escritas por Bolívar, por Muñoz Tébar, por Tomás Montilla, por Mariano Montilla y especialmente en la de José Félix Ribas, quien no tenía por qué escribir tamaña mentira en un parte oficial.  Basta con leerse completo el Parte Oficial escrito por el propio general Ribas en el mismo sitio de la batalla en la madrugada del día 13. Dice el héroe: “BOVES EN PERSONA MANDABA LA ACCIÓN A QUIEN SE LE HAN COGIDO TODOS SUS LIBROS DE ÓRDENES".
 
Pero de lo que no hay dudas es de que Morales también estaba acompañando a su jefe. Hace algunos años, un querido poeta guariqueño me contó que en Calabozo -tierra de sus mayores- corría la fama de que junto con Morales andaban tres hermanos suyos que le ganaban en crueldad y en maldad. Que había escuchado la copla en labios de sus antepasados pero que en ella había un error porque el general Morales no se llamaba Tomás José sino Francisco Tomás, quien delante de sus hermanos era “un niño de pecho”. Luego me recitó una copla que retrata muy bien al personaje. Decía:


DE LOS HIJOS DE MORALES
EL MEJOR ERA TOMÁS
Y A ES SE LO LLEVÓ EL DIABLO
¿CÓMO SERÍAN LOS DEMÁS?


Como bien lo dijo el animador de la elección, “se cumplen hoy dos siglos de la muerte de Boves y no podemos celebrar ni alegrarnos por una muerte, pero ese día murió el terror de la República”. Es cierto, pero debemos reconocer que a doscientos años de su muerte en batalla, el terrible Boves tiene aun quienes con o sin intención, pretenden exonerarlo de su espantosa derrota en La Victoria.

De  nuestra “Entrevista Imaginaria” publicada el 12 de febrero en “El Clarín”, destacamos esta pregtunta y su respuesta:


-Comandante: ¿Estuvo Usted ayer en La Victoria?

“Claro que estuve; vengo de allá. Salimos con las tablas en la cabeza. Si no llega el refuerzo del traidor Campoelías, ahí mismo hubiera caído esa república de gallinas; puro cacareo. Había unos cuantos gallos pero pocos. Ribas se metió a la iglesia a rezarle a una virgen y ustedes quedaron condenados a estarle rezando todos los años”.

Pero algunos historiadores dijeron…

“Yo sé, eso lo escribieron o amigos míos, para exonerarme de la derrota; o enemigos de Ribas, para escatimarle el triunfo. Lo quieren bajar de la estatua. Y no sé cuál es la importancia que le dan a mi presencia frente a un ejército veterano que pelea solo; fíjese que mi mayor triunfo, el definitivo, el que acabó con esa república huidiza y fugitiva, lo obtuve yo en Urica y Usted bien sabe lo que pasó al comenzar esa batalla. Eso lo dijo un historiador que había sido coronel del Rey y los demás lo que hicieron fue copiarse de él. El negar lo que Ribas escribió de su puño y letra, nos embroma a los dos, porque yo quedo como un “reposero” que por curarse una cortadita no asiste a su más importante batalla, pero él queda como un embustero. Ninguno de esos historiadores estuvo allí; muchos no habían nacido o estaban muy muchachitos pero…pregúntele a Ribas”.