10 ago 2015

EL CUALQUIER CLASE DE DERECHO


Ya tengo más de mil exalumnos; muchos de ellos son mis ahijados de promoción y todos son mis amigos.  En los últimos más de diez años, junto con las lecciones propias de las materias jurídicas, me he preocupado porque sean hombres y mujeres cultos. 

Me parece que es tan peligroso un abogado que solo sepa de derecho, como un médico que solo sepa de medicina. Por eso  les he hablado más de historia, de literatura, de música, de poesía, de la ciudad donde vivimos y del valor de la justicia, de la libertad, de la amistad, de la lealtad, del amor, de la familia, de la salud del cuerpo y del alma, que de leyes, de códigos y de ordenanzas. Los invito a que sean los mejores profesionales de la ciudad y sobre todo los más eficientes, los más honestos y los más cultos. 

Creo que en mucho lo he logrado. Junto con leer libros, oír música, pasear, parrandear, reunirse, hacer visitas a los amigos y pensar, los he invitado a leer poemas venezolanos y hablar sobre ellos. De los muchos que han leído, ofrezco cuatro. El mejor galerón “de pie forzado” que es el “Galerón del Gallo Zambo” de Miguel Otero Silva, “El Boche” de Ernesto Luís Rodríguez (autor del himno de La Victoria), el célebre “Por aquí pasó compadre” del gran poeta Alberto Arvelo Torrealba y la “Fiesta de Toros Coleados” de Fleitas Beroes. Espero que los disfruten y los guarden por si algún día son mis alumnos. 



Miguel Otero Silva


GALERON DEL GALLO ZAMBO
  
A pelear mi zambo salta
al centro de la gallera,
firme la cola altanera
y la cabeza bien alta.
Un jirón de sol esmalta
el plumaje del costado
y al mirarlo allí plantado
mi grito fanfarronea:
¡Sin comenzar la pelea
mi gallo zambo ha ganado!

Le sueltan un marañón
que según dice su dueño
es por el pico un Cedeño
y por la espuela un Rondón.
El dueño es Tirso Chacón,
un coronel muy mentado
que cien pesos ha casado
aunque ya sabe de oídas
que siete peleas seguidas
mi gallo zambo ha ganado.
Con la mirada encendida
se buscan los dos rivales,
acechando sus puñales
la brecha para la herida.
Tigre real en la embestida,
mi gallo zambo ha saltado
cual relámpago emplumado
al pecho del marañón,
y yo le grito a Chacón:
¡Mi gallo zambo ha ganado!

La gallera es un clamor
cuando el gallo zambo pica
y el marañón le replica
alevoso y peleador.
Mi gallo zambo heridor
un tiro al cuello ha clavado
y el contrario ensangrentado
sigue peleando de frente
pero ya como un valiente
mi gallo zambo ha ganado.



  
 





































Ernesto Luis Rodríguez




EL BOCHE

Hoy es domingo, amor mío;
los campos están de fiesta.
Un árbol vuelca su cesta
de pájaros sobre el río.
Oro espigado al rocío
sueño en tu pelo catire.
Para que el alma suspire
ando en pos de tu mirada;
pero tú, por ser casada,
no quieres que yo te mire.
.
 
Son azulitos los cielos
que en tus pupilas he visto;
me quemas y me resisto,
llama de puros anhelos.
Que tu esposo tenga celos
no me hace vivir de prisa.
Sólo busco una sonrisa,
tu presencia sólo aspiro;
cuando en el patio te miro
quedas oliendo en la brisa.
.
 
La pena que me revives
con la mañana se tiende,
y un ramo de sol enciende
la calle por donde vives.
Aunque orgullosa me esquives,
no puedo echarte al olvido.
Nunca me doy por perdido,
pero en tu casa jugando,
cada vez que voy ganando
pega un boche tu marido.
.
 
Mi soledad hoy presencio
como guitarra sin cuerda.
Has querido que yo pierda
para que sufra en silencio.
Todita en mí te aquerencio,
pagas con raros enojos...
Por jugarte mis antojos
al claro sol del domingo,
mi corazón es un mingo
que me bocharon tus ojos.




Alberto Arvelo Torrealba


POR AQUÍ PASÓ COMPADRE

Por aquí pasó, compadre,
hacia aquellos montes lejos.
Por aquí vestida de humo
la brisa que cruzó ardiendo
fue silbo de tierra libre
entre su manta y sus sueños.

Mírele el rastro en la paja,
míreselo, compañero,
como las claras garúas
en el terronal reseco,
como en las mesas el pozo,
como en el caño el lucero,
como la garza en el junco,
como la tarde en los vuelos,
como el verde en el quemado,
como en el banco el incendio,
como el rejón en la carga,
como la gaza en el rejo,
como el cocuyo en el aire,
como la luna en el médano, como el potro en el Escudo
y el tricolor en el cielo.

Por aquí pasó, compadre,
hacia aquellos montes lejos.
Aquí va su estampa sola;
grave perfil aguileño,
arzón de cuero tostado,
tordillo de bravo pecho
De bandera va su capa,
su caballo de puntero,
baquiano, volando rumbos,
artista, labrando pueblos,
hombre, retoñando patrias,
picando glorias, tropero.

Oígale la voz perdida;
sobre el resol de los médanos,
la voz del grito más hondo
oígasela, compañero,
como el son de las guaruras
cuando pasan los arrieros,
como la brisa en la palma,
como el águila en el ceibo,
como el trueno en las lejuras, como el cuatro en el alero,
como el eco en las tonadas,
como el compás en el remo,
como el tiro en el asalto,
como el toro en el rodeo,
como el relincho en el alba,
como el casco en el estero,
como la pena en la canta,
como el gallo en el silencio,
como el grito del Catire
en las Queseras del Medio,
como la Patria en el Himno,
como el clarín en el Viento.

Por aquí pasó, compadre,
dolido, gallardo, eterno.
El sol de la tarde estira
su perfil sobre el desierto.






Germán Fleitas Beroes



FIESTA DE TOROS COLEADOS

Fiesta de toros coleados
cohetes y cohetones
corrillos en los portones
y alborozo en los tablados.
jinetes empolainados
pican un toro barroso
suenan las trancas del coso,
surge el primer coleador
y al golpe del mandador

salta el caballo fogoso
El astado, paso a paso
viene llegando al tranquero,
en la puerta del chiquero
le suenan el "trabucazo";
rápido como un lanzazo
el caballo se le "empecha"
el toro como una flecha
cruza en violenta carrera,
y el coleador vocifera
cuando lo alcanza y lo estrecha.

Se escucha un ¡jiiillo! sonoro
que retumba en el ambiente,
el caballo inteligente
se abre a dos metros del toro;
los cascos del rucio moro
vienen pidiendo pelea;
el barroso tambalea,
al suelo se precipita;
el caballo se encabrita
y el hombre se bambolea.
El toro se para al fin
y el tierrero que levanta,
se introduce en la garganta
rumbosa del cornetín;
Cuatro, maraca y violín
alegran otros templetes
suenan pitos y cohetes
huele a "caña" el vocerío
y la calle es como un río
de cintas y ramilletes.

La zamba del sabanero
cuando regresa el caballo,
le prende una flor de mayo
a su zambo en el sombrero;
contra el viento dominguero
marca el compás la charnela;
silba el clavel de la espuela;
mientras comenta un borracho
¡Así es como tumban cacho
los hombres de Venezuela!

3 ago 2015

CINCO GUARIQUEÑOS ENSEÑARON MÚSICA Y LETRAS EN EL CONSEJO




(A la memoria de “Chuchú” Fernández, quién el jueves pasado se retiró en paz con su conciencia)


Fueron un bachiller, dos maestros, un telegrafista y un músico, todos nacidos en el llano guariqueño. Cuando en 1936 el general López Contreras comenzó a pagar la inmensa deuda escolar que había dejado el primer siglo de historia republicana, a petición de todos los vecinos y dirigentes del pueblo, se creó en El Consejo,  la “Escuela Federal Juan Uslar” y para que la abriera y pusiera en funcionamiento envió a un joven maestro, nacido en Zaraza el 12 de agosto de 1914, llamado Carlos Barrios Padilla, conocido, querido y recordado como “El Bachiller Barrios”. Había estudiado en la “Escuela Normal de Varones de Caracas” donde se graduó de maestro y después de una breve pasantía por su estado natal como maestro de la Escuela Federal “Zaraza”  y  Director de la Escuela Federal “Julián Mellado” de El Sombrero,  llegó a nuestro pueblo en 1936, instaló la escuela en un viejo caserón situado en la Calle Real, donde había funcionado la “Botica Caracas” enseñó y dirigió durante sus primeros ocho años, a la Escuela Federal “Juan Uslar”, alma mater y orgullo del pueblo y de quienes aprendimos a leer y escribir en sus aulas. En principio se estudiaba hasta cuarto grado, pero inmediatamente se abrió el quinto y al año siguiente, el sexto pasando a llamarse “Escuela Federal Graduada”. El propio Director era el maestro de 5° y 6° grados. Tenía apenas 22 años,  pero 8 le bastaron para sembrarse en el corazón de los consejeños y sembrar en el corazón de sus alumnos,  el amor por el estudio, por aprender y por enseñar. Tanto sirvió de modelo y de ejemplo a seguir, que al conocer los nombres de sus alumnos, nos llenará de orgullo el descubrir, que todos ellos fueron nuestros y maestros de maestros.


En 1940 egresó la Primera Promoción de alumnos, integrada por a Víctor Ángel Martínez, Elías Salazar, Elenino Carrazoni, Margot Ramos de Madero (mi maestra de segundo grado), Cohinta Flores y Elsa de Manrique (todos maestros).


En 1941 la Segunda Promoción integrada por: Dilia Salazar, Tomás Humberto Ramos, Carmen Matilde Aponte de Díaz, Estelio Aguilera, Rafael y José Vicente Ayala (todos maestros). En la Tercera Promoción (1942) egresaron: Amelia Savino Matos, Elba Ramos de Hinojoza, Carlos Sánchez Camacho, Gustavo Starchevich, Rosa López de Díaz, Alberto José Ragazzi, Rafael Linares, Angel Flores y Bivina Quevedo (todos maestros).


La Cuarta Promoción (1943): fue la de Álvaro Linares, Rosa Amelia González de Torres, Victoria Matos de Mora, Mireya Briceño de Ayala, Carmen Inés Matamoros de Colmenares, Isabel Teresa Salazar y Bertha Mendoza de Ragazzi (todos maestros).


En la quinta y última promoción (1944) egresaron: Cástor Sánchez Conde, Rafael Antonio Sanabria, Luis Mijares, Jeremías Colorado,  Juan Ramírez, Pablo Perdomo, Mila Eugenia González, Ana Jacinta Salazar de Maduro, Gladys Ayala de Martínez, Virginia Ríos de Chávez, Rosalina Albarrán de Díaz y José Julián Navarro Montero (todos maestros). Este último siguió los pasos del Bachiller Barrios, fue el Director  que  ocupó durante más tiempo la dirección y fue tambien maestro de maestros. El Bachiller Barrios estableció lazos de amistad con muchas familias del pueblo especialmente con las de sus alumnos a  quienes atendía a cualquier hora donde fuera. Una de ellas, entre cuyos miembros siempre era recordado, fue la familia Ayala López, uno de cuyos hijos, también su alumno, era su ahijado de bautizo (con quien aparece en la foto.


Otros dos maestros guariqueños enseñaron también en la escuela, durante sus primeros años; ellos fueron J. M. Álvarez Jaramillo de Valle de La Pascua, nuestro maestro de Primer Grado, cuyo nombre honra hoy en día a una de las mejores Escuelas Primarias de La Victoria;  y Miguel Tomás Medina “El Maestro Medina”, nativo de El Chaparro (nuestro maestro de Cuarto Grado) de cuyos labios aprendimos todo lo que nos ha permitido en la vida, ser felices. De ambos deberemos escribir en otra oportunidad.


En octubre de 1944 llega una de esas “alegrías” que entristecen a todo el mundo; el Ministro de Educación, en atención a los méritos acumulados por el Bachiller Barrios Padilla, lo nombra Director de la Escuela “Felipe Guevara Rojas” en la ciudad de Maracay donde actúa muy poco tiempo, pues de ahí pasa a organizar el Grupo Escolar “República de Méjico” creado en ese año en esa misma ciudad donde permaneció hasta octubre del año 1945. Por su magnífica actuación hacia sus compañeros se hizo merecedor de una medalla donada por el Personal Docente y alumnado de ese Instituto. Cuando se fue de El Consejo ya tenía 30 años y nos deja una escuela rudimentariamente moderna con “Teatro Escolar”, Grupos de Teatro y de Cantos, “Cruz Roja” y “Biblioteca”. De Aragua es trasladado a Caracas como Subdirector y luego Director del Grupo Escolar “República del Ecuador”. En 1951 es trasladado con el mismo cargo al Grupo Escolar “República de Bolivia”. En ese año el Ministerio de Educación le impone la ‘Medalla de Instrucción Pública”, máximo galardón con el que la República premia la labor de los maestros destacados. En 1952 funda el colegio “Rafael Rangel” en la Urbanización Carlos Delgado Chalbaud de Caracas el cual dirige personalmente hasta que el 5 de octubre de 1955 muere rodeado del cariño, del respeto y de la gratitud de sus innumerables discípulos y amigos; su fallecimiento constituyó un verdadero motivo de duela en el pueblo.  Cuando él muere, ya la antigua “Escuela Federal Graduada Juan Uslar” de la Calle Real ha desaparecido para dar paso al moderno “Grupo Escolar Juan Uslar” pero lo que no ha desaparecido es el buen recuerdo, la gratitud de sus alumnos y de todo un pueblo. Apenas a dos años de su muerte, se inaugura en el jardín del nuevo Grupo Escolar, un busto del Maestro Fundador. 


Aparte de estos maestros que nos enseñaron a leer, escribir, contar y todo lo demás que se aprende en una buena escuela, tuvimos dos maestros que nos enseñaron música; desde leer un pentagrama y solfear, hasta tocar instrumentos y ser miembros de una orquesta llamada “Nuestra Señora del Buen Consejo” que había fundado un viejo músico consejeño llamado Vicente Mendoza.  Ellos fueron don Roque Ayala Romero, jefe de la Oficina de Telégrafos Federales, gran maestro de música, compositor y ejecutante y don Pedro Oropeza Volcán “El Maestro Oropeza”. “Don Roque” era zaraceño porque aun cuando había nacido en Orituco, se había criado con su familia en Zaraza donde su hermano don José Ayala Romero era el Director de la Banda Municipal y desde allá era amigo de la familia Barrios Padilla, relación que continuó en El Consejo y se fortaleció al hacerse compadres cuando el Bachiller Barrios apadrinó a Rafael Ayala, el mayor de los hijos varones de don Roque. 


Los dos maestros de música cumplían años el mismo día. Ambos nacieron el 16 de agosto pero con veinte años de diferencia. El día en que el maestro Pedro Oropeza Volcán cumplió  20 años, nació don Roque Jacinto Ayala Romero. Ambos eran llaneros guariqueños; el maestro Oropeza nació en Guardatinajas y don Roque en San Rafael de Orituco. El maestro Oropeza el  16 de agosto de  1872 y don Roque el 16 de agosto de 1892.


Los dos salieron de sus pueblos y fueron a vivir a Calabozo. Ambos vinieron a sembrar música, uno en La Victoria y el otro en El Consejo. Juntos participaron en la formación musical  de El Consejo.  Juntos levantaron a una generación de músicos cuyas notas aún se oyen en mi pueblo querido y sus nombres están unidos para siempre en lo más hermoso de la vida consejeña.

Juntos aparecen en la historia. Don Roque Ayala Romero cuyo nombre honra hoy a la Escuela de Música del pueblo, llegó a prestar sus servicios como Telegrafista. Músico y familia de músicos, su hermano don José Ayala Romero, autor de muchas obras musicales, era el Director de la Banda Municipal de Zaraza.

Fundó la escuela de música que funcionaba en su propia casa que era a su vez la sede de los Telégrafos Federales. Los más grandes recibían clases del propio Don Roque mientras que los pequeños las recibíamos de los hermanos Pastor y Francisco Martínez “Farfache”.

Las clases eran en la tarde y en las noches  y los martes era día de júbilo porque venía de La Victoria el “Maestro Oropeza”. Nos examinaba a todos, grandes y pequeños y al final, cuando la clase había terminado, se sentaban en la puerta los dos maestros y tocaban los instrumentos que bien podían ser violín y cuatro o guitarra y violonchelo o bandolín y cuatro, ya que ambos tocaban magistralmente todos los instrumentos de cuerdas.

Los demás formábamos un público heterogéneo que al principio era de alumnos al que con el tiempo se le fueron sumando vecinos, transeúntes y gentes del pueblo que sabían que el martes era el día y se venían, hasta el extremo de que algunos traían papelitos pidiendo peticiones. Los más pequeños éramos los encargados de pararle el autobús al maestro Oropeza, pero los dejábamos pasar de largo. Cuando el maestro nos preguntaba, le decíamos que no había pasado ninguno. Muchas veces los autobuses completamente vacíos se paraban al frente y los choferes se bajaban a oír el concierto. Al rato el maestro volvía a preguntar y le repetíamos el embuste. “Me pareció ver un autobús parado al frente”. “Sí pasó uno maestro, pero iba full”.

Ya a media noche se dispersaba el público y despedíamos con cariño al maestro y a don Roque. Alguno de los autobuseros del pueblo (casi siempre Raimundo Murga) se ofrecía, nos montábamos todos en el autobús para llevar al maestro a su casa de La Victoria y de regreso Raimundo nos iba repartiendo. Transcurrió la vida. El maestro Oropeza murió a sus 87 años, el 27 de junio de 1959 y ocho años después, el 27 de junio de 1967 a sus 75 años, murió Don Roque.

Estos cinco maestros guariqueños nos enseñaron a leer,  a escribir y a cantar. ¡Gloria a sus memorias!

DON ROQUE AYALA Y SU BELLA FAMILIA

EL BACHILLER BARRIOS Y SU AHIJADO RAFAEL AYALA