2 abr. 2014

EL COMIENZO DE LA RESISTENCIA EN LA VICTORIA



La resistencia comenzó en La Victoria el mismo día en que tumbaron al presidente Rómulo Gallegos, hace hoy 65 años. Esa mañana del 24 de noviembre de 1948, Castor Nieves Ríos Gobernador Político de La Victoria, asistió a una reunión convocada por el Comandante José Manuel Gámez Arellano en Maracay, con la finalidad de “limar asperezas” que habían surgido entre el Jefe Militar de La Victoria Comandante Enrique González Pachano y los dirigentes del Partido Acción Democrática. 

La invitación había sido formulada para realizarse en la sede del Comando de la Guarnición situada en la Avenida Bolívar (donde luego funcionó el Palacio Episcopal), a horas diferentes; pero por motivos que desconocemos, coincidieron a la misma hora el jefe político y el militar. Por supuesto que no hubo acuerdos y muy por el contrario, se agudizaron las fricciones. En plena reunión el Gobernador del Estado Aragua Ramón Pardo comunicó la noticia que ya se veía venir: se había producido un golpe de estado y ya había caído el Palacio de Miraflores y en consecuencia, el gobierno nacional.


Castor Nieves Ríos regresó inmediatamente a La Victoria y en la casa de la familia Villasana así como en otra del Barrio de Jesús, reunió a un grupo de dirigentes acciondemocratistas quienes decidieron resistir y acordaron trasladarse al Ingenio Bolívar para impedir el regreso del Comandante Pachano o de cualquier otro oficial que pretendiera tomar La Victoria. 


Así lo hicieron. En la vieja casona del ingenio se acantonaron entre otros: Cástor Nieves Ríos, Luis Enrique Aguilar Hostos, Narciso Pacheco “Negrín”, Nelson Romero, Antonio Bustamante, Jesús Rodríguez Trilla, Pedro Bolívar, Humberto Buznego, Pedro Rivero, los Barreat, León Gustavo Richard, Matute, Adrián Segundo Naranjo y el Dr. Roberto Villalobos Ferrer, Primer Presidente de Aragua durante el Gobierno de la Revolución de Octubre. Por su parte el Comandante Pachano, en permanente contacto con los oficiales Teniente Lolet, Teniente Méndez Salas y Teniente Rosales, había salido de La Victoria a las ocho de esa mañana con rumbo a la reunión, acompañado de su esposa doña Fidelina, el oficial Edgar Trujillo Echeverría y su chofer, el señor Osuna. 


Enterado de la situación, salió de la fracasada reunión, decidió tomar el control de su vehículo y le pidió a su chofer que regresara por separado en previsión de cualquier eventualidad. En compañía de Trujillo Echeverría tomó el camino de regreso que era el de Turmero, La Encrucijada, San Mateo y La Victoria, porque todavía no se había construido la autopista. Durante todo el trayecto se mantuvo delante de ellos un autobús conducido por el consejeño Raimundo Murga y apenas hubo salido de San Mateo lo pasó y al tomar la curva del Ingenio Bolívar escuchó disparos y aceleró el automóvil. 

Un tiro disparado según algunos informantes por el propio Cástor y según otros por el doctor Roberto Villalobos, entró por la ventanilla del carro sin hacer ruido porque no rompió ningún vidrio, pero no hizo blanco en el cuerpo del Comandante Pachano hacia el cual iba dirigido. Habían pasado ya la zona de los disparos cuando doña Fidelina se dio cuenta de que estaba sangrando y de que había sido herida en el brazo izquierdo. 


Ante el temor de que la entrada de La Victoria pudiera estar tomada por miembros del gobierno depuesto, la señora Pachano decidió bajarse del carro en el sector Los Cucharos para facilitar el que su marido pudiera entrar hacia el Cuartel Montilla por entre las haciendas de caña que bordean la carretera. Ella esperaría el autobús de Murga o un camión que conducido por su cuñado José Manuel León, venía detrás. El Comandante Pachano logró entrar al cuartel y cuando su esposa llegó a la alcabala de “El Recreo”, encontró allí al Dr. Antonio J. Hermoso, quien avisado por el Comandante, esperaba a la herida. Fue trasladada inmediatamente a la Clínica del Dr. Gustavo Subero Sosa y auxiliados por Doña Josefina Cano de Subero (recientemente fallecida), extrajeron el proyectil, el cual se había incrustado en el pecho de la dama.


Ya las emisoras de radio informaban el derrocamiento del gobierno civil y transmitían mensajes de la Junta Militar de Gobierno que para sorpresa de todos, era presidida por Carlos Delgado Chalbaud ministro de la Defensa del Gobierno derrocado. Aparte de este infortunado disparo que involuntariamente hirió a una dama, hubo muchos más. Nuestro amigo Pablito Díaz nos reveló que ocho soldados muertos fueron enterrados en el cementerio de La Victoria pero no se publicó, no se permitió que se transmitiera la información y ni siquiera se anotó en los libros de enterramientos. Existía interés en hacer creer que Gallegos había caído sin que nadie lo defendiera. Al decir del valiente victoriano Nelson Romero, creer que el golpe se dio sin disparos o que el gobierno cayó sin defensa, es desconocer la verdad. Luego nos sorprendió una información que nos suministró: “quien le disparó a Pachano, no fue Cástor sino el doctor Villalobos”.


No hay duda de que la historia de los acontecimientos del 24 de noviembre de 1948  en  La Victoria no se ha escrito todavía y es necesario que los actores de tales hechos tanto del lado del gobierno caído como del de los golpistas triunfantes, escriban memorias y crónicas que ayuden a despejar la verdad histórica. Muy especialmente los victorianos, porque si como dicen algunos contemporáneos, la única resistencia armada con derramamiento de sangre que trató de impedir el golpe, tuvo como protagonistas a los victorianos, estaríamos ratificando una vez más el carácter indómito de nuestras gentes, cuando se trata de luchar por la libertad y la democracia.


La resistencia en La Victoria fue muy dolorosa porque nuestra ciudad siempre ha sido rebelde y poco sumisa ante los poderosos. Ya desde los días del gomecismo, algunos grupos se habían constituido siendo el más célebre el Círculo Revolucionario de Santos y Anselmo Cerró, Rafael Briceño Ortega, Guillermo Blank, Eduardo Barreat, Santiago González, Mamerto López, Nicomedes Flores y Juan Santana, algunos de cuyos integrantes fundaron las primeras células del Partido Comunista. Pero ahora cuando el propio Ministro de la Defensa encabeza el golpe contra su presidente, la resistencia victoriana es inmediata y se agudiza  a partir del fraude que le da comienzo a la presidencia de Pérez Jiménez. 


En las casas de Manuel y Rosita Betancourt situada en la calle Libertador y en la clínica del doctor Roberto Villalobos Ferrer, frente a la Plaza Ribas en la casona donde está hoy el Centro Colonial, se reunían Manuel y Luis Betancourt, León Gustavo Richard, Simón Antich Lazo, José Ramón Visbal, Joaquín y Diego Barreat, Adolfo Castro, Narciso Pacheco (Negrín), Félix Dieppa Ríos y José Gregorio Antonini entre otros. Nos contaba el doctor Ramón J. Velásquez que  el mayor porcentaje de presos en la Cárcel de Ciudad Bolívar era de victorianos. Por resistir pararon en la cárcel Gustavo Richard, los Barreat, Cipriano Martínez, Mitico Díaz, “Michelín” Ríos, “Cachú” Silva, “Pinocho”, Antonio Bustamante, “Bigotico” Cabrera y sus hermanos, Simón Antich Lazo, Marcos Lobato, Roberto Villalobos, José Izaguirre y sus hermanos, Silvio Silva, César Rodríguez Palencia, Imelda Romero, Aurora Pastori, Tirso y Tarsicio Pazos, Humberto Buznego “Reinita”, Oswaldo Matute, Alfredo y José Bernardo López, Raúl Cabrera, los Aguilar, los tejerieños Sinforiano y Antonio Álvarez, Juan Gil Quiroz y Emilio Torrealba: los consejeños Francisco Ferray, Augusto Zapata, Gregorio Sumoza y muchos más.   
                                                                                                                   

Al exilio fueron a tener el “viejito” Luís Enrique Aguilar Hostos, Luís Manuel Betancourt, Humberto Buznego, Nelson Romero, Federico Brito Figueroa, Carlos Blank Antich y Castor Nieves Ríos (en la foto gentilmente cedida por su hija Leticia, junto con Francisco Olivo en Méjico, antes de entrar clandestinamente a Venezuela, a su encuentro con la muerte y con la gloria). Pero hubo un exilio doméstico: huyendo de sus tiranos locales llegaron a La Victoria Luis Rafael Núñez Mattey y Elvira, Francisco Pinto Sifontes, Ruperto Mata y Clarita, Dabout y muchos más,  quienes se incorporaron a la resistencia. Todos ellos lucharon por la Patria que aprendieron en las páginas de Rómulo Gallegos, en los versos de Andrés Eloy Blanco, en las recopilaciones de Vicente Emilio Sojo y merecen el reconocimiento y el respeto de Venezuela.


Sesenta y cinco años después, la mayoría de los protagonistas ha muerto. Cástor Nieves Ríos fue asesinado por la Seguridad Nacional, el Comandante Pachano fue transferido como Jefe de “El Rincón” en Maracay y murió el 28 de marzo de l976 (28 años después de los acontecimientos). Conversamos con muchos de ellos y nos sorprende la ausencia de odios y de rencores. Doña Fidelina Pachano nos comentó: “Después de algún tiempo tuve que someterme a una intervención de cirugía menor y quien me intervino fue el Dr. Villalobos. A las piñatas de mi casa iban los hijos de algunos adecos y cuando mi marido llegaba al Palacio de Miraflores, el General Pérez Jiménez lo saludaba diciendo: “Llegó el adeco de La Victoria”. Por su parte Mitico Díaz, adeco de los viejos, de los que participó en la resistencia y pagó el precio, nos comentó: “Si hay un cielo, yo le pido a Dios que tenga allá al Comandante Pachano, porque después de haberle disparado y herido a su esposa, nos tuvo presos y en lugar de fusilarnos -que lo ha podido hacer tranquilamente- lo que hizo fue mandarnos a poner colchones, almohadas, cobijas y dejarnos estar en el Casino de los Oficiales”.


DOÑA FIDELINA PACHANO

COMANDANTE ENRIQUE GONZÁLEZ PACHANO

ANTES DEL GOLPE DESPEDIDA DE MÉJICO


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