23 mar 2014


CUATRO MUJERES VICTORIANAS, CUATRO CIRCUNSTANCIAS DIFERENTES, CUATRO PALABRAS

Germán Fleitas Núñez cronista de La Victoria



1)    JUANA ANTONIA DIAZ PADRÓN DE MONTILLA

 la única heroína del 19 de abril de 1810 era del Pao de Zárate. El Capitán General Vicente Emparan en su relato de lo que sucedió, habla de una dama muy activa en las conversaciones y arreglos que culminaron con su derrocamiento. Dice que es cómplice de los revolucionarios y madre de dos de ellos, “osados y viciosos”. Se refiere a doña Juana Antonia Díaz Padrón y a sus hijos Mariano y Tomás Montilla, ambos héroes de la independencia. Doña Juana Antonia era del Pao de Zárate, hija de Antonio Díaz Padrón del Castillo, dueño del valle del  Pao de Zárate donde fundó la Hacienda “Santa Rosa” y de Josefa María Hernández Caraballo. Estaba casada con el doctor Juan Pablo Montilla Briceño, trujillano, quien falleció en 1803.  Animó con su verbo y con su ejemplo a los jóvenes compañeros de sus hijos y participó activamente en los sucesos de 1810. El buenote de Emparan quien había sido mucho tiempo Capitán General de Cumaná donde dejó buen recuerdo, pero que no conocía bien a la gente del centro, se queja de que “El marqués de Casa León protegió y elevó a estos jóvenes a la amistad de los Toro, lo que no habrían adquirido por su nacimiento”. Craso error; ignoraba el derrocado Capitán General que “estos jóvenes” eran descendientes de las familias Montilla, Briceño y precisamente Toro, pertenecientes a la aristocracia terrateniente del país. Fue la única mujer que intervino en nuestros acontecimientos aurorales y estaba tan clara en que los gobernantes deben oír al pueblo que en una oportunidad cuando pidió hablar con el Capitán General Domingo Monteverde para solicitar la libertad de sus hijos y éste se negó a recibirla, le dejó escrito un papel que decía: “si no escucha al pueblo ¿para qué quiere gobierno”?  Murió Doña Juana Antonia en el año terrible de 1814, mientras su hijo Mariano se cubría de gloria en la Batalla de La Victoria y su hijo Tomás servía como Secretario del Guerra del Libertador. Es célebre la frase con la que despide a sus dos hijos cuando deciden incorporarse a los sucesos de la independencia: “No hay que comparecer en mi presencia si no volvéis victoriosos”. Doña Juana Antonia es tenida como la única heroína civil del 19 de abril de 1810 y en consecuencia, primera heroína de nuestra independencia.



2)    LA MADRE DE LOS MUGUERZA. 

Cuenta una vieja historia trasmitida de generación en generación, que en medio de la batalla, muertos ya heroicamente los hermanos Muguerza, el general Ribas se acercó a la casa de la familia y dirigiéndose a la madre, le comunicó la infausta noticia en los siguientes términos: “Comadre, mala noticia para Usted y para la Patria; mataron a los muchachos”. Con estoicismo espartano, la madre victoriana le respondió: “General, la mala noticia es para mí; para la Patria no porque ahí está el otro”. Y dirigiéndose al hijo menor de apenas catorce años le dijo: “Váyase con su padrino y defienda el puesto de sus tres hermanos”. El poeta Miguel Ángel Álvarez Mudarra-Muguerza primer cronista de La Victoria, era bisnieto y tataranieto de dos de los hermanos próceres, porque uno de ellos  se había casado con una sobrina, hija de su hermano mayor.







3)    MISIA BLANCA LOURDES WITTMER DE MORALES. 

 Nació el 23 de noviembre de 1906 y a sus 24 años fue elegida la primera Miss Aragua. Casó con don Domingo Morales Tedesco, caraqueño y procrearon dos hijos llamados Carlos Jesús y Manuel Henrique (Manolo) Mortales Wittmer. En el año de 1956 su esposo era Presidente de Ilustre Concejo Municipal del Distrito Ricaurte y del Rotary Club de La Victoria. El día en que cumplía 50 años hubo la cena y sesión semanal del Rotary Club de La Victoria en el recordado Pálace Hotel de la Calle Real, durante la cual el abogado y Senador maracayero doctor Alcibíades Matute Sojo, dictó una conferencia sobre “El Escudo de Armas de la ciudad de Maracay”. 


Terminada la cena, se dirigieron todos a la casa de habitación de doña Blanca Lourdes a cantarle el “cumpleaños feliz” y a picar la respectiva torta. Allí se bautizó un poemario del doctor Matute Sojo titulado “Poemas de Ella y del Paisaje”. En la oportunidad de pronunciar las palabras de agradecimiento, Misia Blanca Lourdes formuló  la siguiente pregunta: “Por qué Maracay, que no tiene historia militar, tiene un Escudo de Armas y en cambio La Victoria, ciudad mil veces heroica, no lo tiene? La conversación giró desde entonces alrededor de tan interesante tema y se convino en elaborar el escudo victoriano, encargando de su dibujo al doctor Aníbal Lisandro Alvarado (hijo del sabio Lisandro Alvarado) quien ejercía alto cargo en el gobierno del estado. Así se hizo y luego de varias reuniones para estudiar los bocetos, el 18 de enero de 1957 se promulgó nuestro Escudo de Armas, firmado por el Presidente Municipal Domingo Morales Tedesco y el Secretario Municipal Simón López. 
La oportuna intervención de una distinguida mujer victoriana y su incisiva pregunta, dieron origen a nuestro Escudo de Armas.




4)    ISOLDA MEDINA DE MÉNDEZ. 


Hija del gran poeta victoriano Sergio Medina, fue abogada, intelectual y política con destacada figuración durante el gobierno del general Marcos Pérez Jiménez, íntima amiga de su familia, especialmente de la Primera Dama doña Flor Chalbaud de Pérez Jiménez y de doña Adela Jiménez de Pérez, madre del dictador. Persona de la mayor confianza del general, era diputada al Congreso Nacional y compañera de viajes de  doña Adela y de Doña Flor, sin cuya compañía no abordaban el avión porque “Isolda les da seguridad”. Tal era la confianza y el cariño que le dispensaba toda la familia, que se la tenía como uno más de sus miembros. Pues bien, la noche en que se inauguró el “Hotel Maracay”, obra cumbre del Arquitecto Luís Malaussena, después de los himnos, del corte de la cinta y demás actos protocolares, en la mesa presidencial se ubicaron los invitados miembros del alto gobierno nacional, de Aragua y de los distritos. Todo transcurrió dentro de la mayor cordialidad y tal vez animado por las bebidas espirituosas que consumía, un destacado abogado y político maracayero, miembro del Ilustre Concejo Municipal y amigo personal del general, dirigiéndose a él le dijo: “General, los maracayeros teníamos el temor de que la doctora Isolda Medina de Méndez, basada en su acendrada victorianidad y valiéndose del cariño y la aquiescencia con que Usted la distingue, moviera los hilos, para que La Victoria volviera a ser la capital de Aragua”. Hubo un silencio sepulcral, hasta que como movida por un resorte, doña Isolda se paró de su puesto, bordeó la mesa hasta colocarse detrás del general, colocó sus manos sobre las charreteras del sorprendido presidente y pronunció un breve discurso que ningún hombre se hubiera atrevido a decir: “Señores, yo creo que lo que dicen nuestros enemigos, los adecos y los comunistas, es verdad; que esta es una dictadura y que el dictador es nuestro general Pérez Jiménez. Ahora bien, La Victoria fue durante ochenta años la capital de Aragua por sus glorias; por haber sido la cuna de muchos héroes de la independencia y de la república, por ser la cuna del padre de Bolívar y de tantos hombres útiles a la Patria; por haber sido escenario de tantas acciones de guerra y de paz, por ser la ciudad que mi padre llamó en afortunado soneto, “teñida con las rojas tragedias del pasado”; pero eso de ser capital del estado porque se le antojó a un dictador es un honor que nosotros los victorianos no queremos; ese honor se lo cedemos gustosamente a los maracayeros; pueden ustedes dormir tranquilos”. Se fue retirando poco a poco de la mesa y dejó una estela de temor reverencial y de respiraciones entrecortadas, que terminó cuando el Presidente se volteó hacia uno de sus edecanes y le ordenó: “Vaya a aquella mesa y dígale a la doctora Isolda Medina que venga, que la llama el dictador”. La fiesta continuó hasta el amanecer.

¡Gloria eterna a las mujeres victorianas!


   

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